Hacer nuestro propio «El que pueda hacer, que haga»

En diciembre de 2023 José María Aznar dijo aquello de “El que pueda hacer, que haga”, una frase que se ha entendido por muchos como una instrucción velada a las fuerzas de la reacción para que actúen en sus respectivas parcelas de poder. Que son muchas en el caso de sus círculos de afinidad. La judicatura, las fuerzas del estado, las empresas de comunicación, los matones de la calle o los turras con rango en la oficina.

La advertencia puede entenderse a nivel local o como plasmación concreta de la estrategia internacional del bloque de la extrema derecha internacional, que viene operando desde hace años de esta manera: con raids cotidianos y golpes desde las más altas instancias de poder.

El pasado mes de diciembre, la Administración Trump adoptó como parte de su política de seguridad nacional interferir en la política interna europea apoyando a los partidos ultras. Hoy, ha atacado Venezuela y secuestrado a su presidente. En nuestro país pintan bastos, tanto en las encuestas electorales como en el clima social.

La ofensiva reaccionaria, con los pies bien asentados en numerosas esferas de poder, ha conseguido correr hacia la derecha el tablero de lo posible, los dictados del sentido común, los miedos de la población y su rabia irracional. Para ello llevan haciendo, cada uno desde sus posibilidades, desde mucho antes de que el expresidente Aznar lo verbalizara.

Mientras, nos convencen de que el problema de nuestro tiempo es la polarización. Pero, ¿cómo no pensar radicalmente distinto –pensar enfrente– de quienes hacen pasar por sensata e inevitable la guerra, la expulsión del vecino y la marginación del diferente?.

Estamos en el otro polo y no podemos permitirnos estar en ningún otro sitio. Firmemente enfrente. Seguimos afectos al irrenunciable mandato ético de explicar las cosas, confrontar las ideas, tratar de educar y convencer en un mundo en el que la lógica y la verdad parecen haber cedido terreno ante la confusión irracional.

Porque, claro que sí, somos ética –moralmente– superiores a los que en nombre de un supuesto realismo se ceban con los débiles. Por eso, me parece, es el momento de nuestro propio “El que pueda hacer que haga”. Un poder hacer que, en la mayoría de los casos, no pasa solo por discutir con la tele y votar. La nuestra es una fuerza que solo lo es cuando somos cuerpos con muchas voces. Toca hacer de nuestras vidas cotidianas la defensa constante de quienes más lo necesitan, integrar el grupo de estudio sobre las lógicas desbordadas del capital, el piquete sindical, el colectivo de apoyo mutuo en el barrio, la asociación de grupos de interés abiertamente politizada por un mundo mejor… Ser generosos en aparcar los fetichismos de nuestras pequeñas diferencias políticas y trabajar juntos contra el puto fascismo que hoy todo lo quiere inundar. El que pueda hacer, que haga, y que haga con otros